miércoles, 10 de octubre de 2007

El Oximorón no repta

Hace unas horas me dijeron que había cometido un oxímoron.
--No tengo helmintos, protesté.
--Esos son oxiuros, bestia. Los oxímoros no reptan.

Así que me fui al primer diccionario que encontré, pero ni noticias ni de oximorones, helmintos ni oxiuros. Pero parece que el "oxímoron" muestra una tendencia a ponerse de moda entre los presuntuosos del léxico, de manera que es conveniente ponerse al día.
Internet es realmente una maravilla; lo que no encontré impreso en papel, lo encontré en la Wikipedia que, mal que pese a muchos, contiene información confiable como toda información. Es decir, aceptable como la honorabilidad de los ciudadanos, hasta que se demuestre lo contrario.
Según Wiki, "oxímoron" es un absurdo aceptable. Así como lo leen. Aceptable como figura literaria, o como disparate tolerable del político al que uno resolvió creerle cualquier cosa. Quien mejor lo explica (cuando no), es Jorge Luis Borges: «En la figura que se llama oximoron, se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro», El zahir' de Jorge Luis Borges).

Bien, ya sabemos más o menos lo que es un oxímoron. Y ahora, pensemos para qué sirve, porque eso es lo mínimo que puede exigírsele a una palabra antes de sumarla al léxico personal.

Como palabra en sí supongo que solo sirve para presumir de culto. Pero su práctica tiene atractivos, por lo menos en una de sus acepciones, pues aunque no se lo crea, tiene acepciones. Groucho Marx aplicaba una de ellas cuando dijo "inteligencia militar", aplicando ambos conceptos como contrapuestos. Era un fenómeno el Groucho; no el otro cuyo perseverante malhumor posiblemente derivara de su colección de oxiuros.

Pero como se trata de ilustrar al lector acerca de cómo dejar estupefactos a sus interlocutores, abundemos en los "oxímoros", puesto que ese es su plural. Oxímoron es en sí mismo otro absurdo, pues es una palabra griega compuesta ... pero inventada en el siglo XVIII para calificar lo contrario a un pleonasmo. Es compuesta porque deriva de "oxýs" (agudo, punzante) y de "morós" (fofo, tonto), lo que tampoco tiene que ver con nada. Muy comprensible para un "oxímoros".

Un buen consejo, no uses esta palabra y ensayá en el espejo la más cínica de tus sonrisas para dedicarla a quien la pronuncie.

martes, 2 de octubre de 2007

Micromegas

Si exceptuamos algunos cuentos de las Mil y Una Noches, es posible que "Micromegas" sea la primera obra de Ciencia Ficción. Escrita por Voltaire y editada en 1752, es en realidad otro más entre sus cuentos filosóficos, tendencia irremediable del francés más contestatario que haya existido.
Micromegas es un habitante de un planeta que ronda la estrella Sirio y mide ocho leguas de altura, tamaño adecuado para su gigantesco planeta. Conforme a esa altura y suponiendo la proporcionalidad como norma, el escritor deduce que ese planeta tiene una circunferencia 21.600.000 veces mayor que nuestra tierra "mezquino hormiguero".
El tamaño y la relatividad de las cosas, de todas las cosas es el tema que propone para desacomodar todos los conceptos vigentes en su tiempo y perseverantes en el nuestro. Nada se puede contra la condición humana; aún en estos tiempos en que los términos Micro (elevados a la potencia de Nanos) y los Megas (sublimados en los Bytes) imperan en el esfuerzo de mensurar todo y reflexionar lo menos posible.
Con juveniles 400 años, Micromegas domina las fuerzas gravitatorias y puede desplazarse a voluntad en el espacio sin recurrir a energías no renovables. En su paseo descubre un minúsculo planeta de nuestro sistema, Saturno, donde se sorprende de que haya vida inteligente de tan reducido tamaño. En su descripción, los proporcionales habitantes de Saturno miden apenas 900 veces más que nosotros, los terráqueos.
Ahorremos los descacharrantes diálogos entre ambos y las consabidas burlas elípticas a los académicos franceses de la época, élites siempre existieron. La cuestión es que "aterrizan" en el Báltico impresionados por la pequeñez del planeta y dando por seguro que aquí realmente no podía haber seres que se consideraran inteligentes.
A grandes zancadas dieron una vuelta entera a la tierra sin descubrir vida, salvo una ballena hallada con un microscopio improvisado. Finalmente encuentran un barco y dentro de él seres humanos que tienen sexo, lo cual motiva una profunda reflexión del siriano cuando su minúsculo compañero advierte que eso no acredita inteligencia "¿Creéis que es más fácil hacer un chico que un silogismo?"
Logran reunir a un grupo de filósofos terráqueos y les preguntan (vaya a saberse cómo) si seres casi sin materia, son capaces de razonar y de disfrutar de su esencia como seres. Sí lo eran, se les dijo. También de matarse los unos a los otros con increíble entusiasmo y de producir todas las iniquidades que ni en Saturno ni Sirio podían concebirse, solo para luego dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas.
El dialogo interplanetario es algo que de ninguna manera intentaré resumir, pero aconsejo leer en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/voltaire/microme.htm. En cambio, no resisto la tentación de copiar el formidable final, en el cual el gigante de Sirio para terminar con tanto horripilante relato de la realidad y vanidad terráquea, termina la conversación y les obsequia un libro que promete la razón de todas las cosas. Naturalmente, no tenía nada escrito.